La música es el mejor medio de transporte inventado hasta ahora. Cerras los ojos y te lleva mucho más allá de las fronteras físicas. A veces ayuda a olvidar; otras, a reflexionar sobre eso que tanto buscamos evitar. Todos en algún momento escuchamos una canción que dijo lo que sentíamos mejor que nosotros mismos.
Llevame lejos, Serú, por favor. Estoy demasiado acá, demasiado consciente, demasiado metida en este torbellino de emociones que claramente es más fuerte que yo. Me siento muy chiquita, muy sola, muy parada de frente a un monstruo que me mira sonriendo, con los dientes enormes, regodeandose con la idea de comerme finalmente, torturandome con la angustiante espera que no sé cuanto va a durar. Y yo ni intento correr, creo que olvide como hacerlo. Y la música es mi soga, y vomitar palabras también. Vomitar palabras, sentimientos, miedos, soledades, personas. Vomitar me deja débil, dolorida, pero sé que tarde o temprano me voy a recuperar y voy a estar mejor que antes de hacerlo. Es, en cierta forma, liberador. Pero no puedo terminar de vomitar, y seguramente mañana me levante con resaca.
Qué lindo que es el piano, la puta madre. Enjoy: http://www.youtube.com/watch?v=LQQ5oPbuTiU&feature=g-vrec
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