martes, 22 de octubre de 2013

Hace un tiempo que las palabras se marchitaron en mi garganta y ya no pueden salir. Quizás porque no saben a quien se dirigen o capaz porque ya no saben cómo decir lo que intentan decir. 
Mamá el otro día me decía que la ignorancia es más fácil, y estoy de acuerdo con ella. Cuando ignoras, o negas, o no pensas, no sufris noches enteras sin dormir intentando descubrir el sentido de la vida y de la muerte. Cuando me convenzo de que existe el cielo, la muerte no es un problema. Cuando creo en Dios, todas las injusticias del mundo se hacen más soportables.
Pero cuando no crees en nada, y perdes todo tipo de fe, seguir se hace díficil.
"Pero si pensas así, entonces no te dan ganas de vivir"
Si, ma, ya lo se. Ya lo dije y lo repito: me asombra la capacidad humana de supervivencia, cuando todos sabemos que la muerte es el destino final. Me asombra despertarme cada mañana e ir a la facultad, en lugar de dedicarme a emborracharme, drogarme e irme de joda si total me voy a morir igual.

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