martes, 4 de junio de 2013

Me gustaría que se pudieran meter en mi mente por un segundo. La satisfacción, la comodidad, la culpa, la estabilidad, la seguridad. Son tantas cosas que no conozco y no se como reaccionar. ¿Por qué te tuviste que ir en mi mejor momento? Me duele y me da mucha culpa sentirme bien. Obvio que tengo momentos que me caigo, como el sabado, cuando baje y me tope con la caja de madera. Fue díficil tomar conciencia que todo lo físico de vos está ahi, que tus ojos ya no existen. Se que hay otro plano, y quiero creer que vos estas en el, pero es dificil deshacernos del materialismo que nos invade. Me acuerdo una noche de mucha locura y esa repentina seguridad en que somos seres de energía, en que nunca morimos, sino que nos reinventamos pero sin perder la esencia, que en algún otro plano todos nos reencontramos en nuestro formato real, seres de luz, sin materialidad. ¿Será eso verdad? ¿Estás acá? Bah, sería injusto querer que estes acá. Después de tanto tiempo atrapada en un cuerpo marchito, supongo que querrás recorrer y volar a tus anchas. Ojalá sea así. Pero por favor, como siempre que te escribo te lo pido: cuando te canses de recorrer, veni a saludarme. Sabes que no hay nada que me moleste más que la duda, la incertidumbre. Quiero saber que estas bien. Soy una gallega cabezadura como vos, a veces.

Voy a extrañar mucho el color de tus ojos.

A veces no me acuerdo porque falte al teórico de derecho o por qué los chicos vinieron a tomar mate. Creo que todavía no caí del todo. 
Hoy sono el telefono a las diez y media de la noche. Atendi con miedo a que sea del geriátrico, con miedo a que estes enferma, a una nueva internación.
Mientras mi brazo se acercaba timidamente al telefono, me acorde que esa llamada que tanto miedo me daba ya había sido contestada.
Todavía no sé cómo no lloré.

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