La peleaste durante casi un año. Nunca te pude agradecer por eso, quizás porque no supe ver todo lo que implicaba. El esfuerzo que hacías, tus ganas de vivir a pesar de que decías que las habías perdido.
No se qué tan lista este todavía para hablar de esto, pero se que mal que mal, tengo que hacerlo. Se que tengo que expulsar todo eso que esta trabado en mi garganta y no sale, y llorar todas esas lágrimas que contengo delante de todos.
Y por más que piense no me sale más que decir 'no lo puedo creer'. Te juro que crei que estaba preparada. Te juro que crei ser lo suficientemente altruista como para poder dejarte ir, sabiendo que ahora ya no sufris. Pero hay cosas para las que no estamos preparados, pero no las vamos a estar nunca. Sabés, si hay algo que no soporto es la incertidumbre, el no saber. Y yo no se. Yo digo que no sufris, pero no lo sé. ¿Dónde estás? ¿Me ves? ¿Me recordás? ¿Me sentís? ¿Sentís el amor que emana de mi? ¿Sentís lo mucho que te extrañamos?
Me hubiera gustado tanto darte la mano una vez más. Fue tan raro tenerte al lado mia acostada y que tus manos no buscarán las mias, no preguntarte cómo estás solo para recordarte que tenes que seguir peleando. Levantar bolitas de los árboles del piso, cortar hormigas con la tijera, preparar milanesas, jugar al ludo, dormir la siesta, jugar a la escoba de quince porque nunca quisiste aprender a jugar al chinchon y ni hablar del truco.
Qué cruel que es el tiempo, pasa sin que nos demos cuenta y no hay marcha atrás posible. No avisa que se está acabando, avanza lenta pero inevitablemente y nos deja atrás sin que nos demos cuenta. Tus ojos verdes ya no brillan. Tu risa ya no se escucha y ya no cantas esas viejas canciones españolas que te cantaba tu mamá. Tus manos estaban escondidas bajo un manto blanco y tus piernas, de tan flaquitas, ya no se distinguían. Y no respirabas. Y por más que te mire, y espere, y te mire, y espere, tus ojos no se abrieron.
Te extraño. Todavía no paso un día y ya te extraño. En menos de un mes habrías cumplido los 88 y quiero que sepas que con papá ya estabamos planeando qué hacer. Yo, tan ilusa, tenía la esperanza de que vuelvas a caminar y poder llevarte aunque sea a casa. Ahora, viendo para atrás, tengo que asumir que esos malditos médicos tenían razón: era imposible.
Fuiste la unica que me conoció lo suficiente como para darse cuenta que no valía la pena pelear, que yo podía abrir los ojos sola. Me dejaste ser feliz aún contra lo que pensabas. Me enseñaste cosas que nadie me habría podido enseñar, sin siquiera decirlas en voz alta.
No pude jugar por última vez con vos a la escoba de quince. Me di cuenta de llevarlas al geriátrico demasiado tarde, y preferi dejarte bailar salsa, y ya no tuve otra oportunidad. Mi bufanda está sin terminar en un armario, y nunca más volviste a ver tu rosal. Si todavía queda algo, voy a transplantarlo. No tendrás una tumba, pero estas viva en todos nosotros.
Espero que sea verdad eso del cielo. Espero que estes donde estes, ya no sufras. Espero que te hayas reencontrado con el amor de tu vida y con tu hijita, y con tu mamá y tu papá. Espero que seas feliz y que te hayas ido estando orgullosa de mi. Yo estoy muy orgullosa de vos. Gracias por este año de yapa que nos diste. Gracias por enseñarme que hay que seguir aunque ya no se tengan ganas. Gracias por seguir por nosotros. Te amo muchisimo.
Si podes, alguna noche o algún día, date una vueltita por acá. Dejame tranquila y avisame que estás bien. Y esperame.
Te amo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario