Qué duro cuando te pega la filosofía, y después de pensar todo un rato, llegás siempre a una inexorable conclusión: nada vale, nada sirve, todo termina.
Y no lo digo de emo che, no. No es una excusa. Pero el mundo es una mierda. Todo es mercado. Y está armado de tal modo, que es imposible salir de él. Y la impotencia que eso genera, el rechazo a la resignación, contentarse con cantar verdades a los gritos hasta encontrar un lugar en el que expresar mi descontento e intentar, aun sabiendo que sin éxito cambiar el mundo. Y después ir al Mac. La contradicción todo el tiempo, aunque quieras evitarlo; la paradoja de iniciar una lucha que está perdida porque vos mismo te golpeas, y no sabes como parar de hacerlo. Y vivir igual. En un mundo que no te contiene, con reglas y prejuicios inútiles que no entendes, rodeado de personas que no entienden por qué te molesta el orden preestablecido, qué le ves de malo al sistema que te dio 'todo' lo que tenes... Hablemos de todo lo que tenemos: cuerpos que nacen enfermos por el humo del cigarrillo ajeno, jóvenes de cuerpos viejos que no pueden disfrutar su juventud porque tienen trabajos insalubres, hijos que no ven a sus padres durante la semana, enfermedades cuyo tratamiento se oculta para que los laboratorios tengan más ganancias, y así podría seguir un rato largo.
Prosiguiendo, te comes toda esta vida de mierda, sin poder hacer absolutamente nada real (aunque intentes igual, porque sos terco) para mejorarla, todo para qué? Para morir.
¿Y qué es morir? Si les preguntas a los antiguos, todo es ecosistema. Morimos porque la tierra necesitaba abono. Y entonces no morimos, simplemente, cambiamos de forma. Y todo es cíclico, todo vuelve a empezar.
Y si nos ves a nosotros ahora... qué es morir? ¿Pasarte de drogas hasta perder la conciencia por el resto de tu vida física, es morir? ¿Ser un vegetal que respira conectado a maquinas, es estar muerto? Pero, saliendo de esos cuestionamientos, sigue existiendo siempre la muerte, lisa y llana. Yo creo que, por la vida que vivimos, la mayoría de nosotros está demasiado preocupado por mostrarse independiente, fuerte y omnipresente como para admitir el miedo y la preocupación por la muerte. Vivimos corriendo, porque somos muy importantes y tenemos muchas cosas para hacer y no me voy a morir nunca, loco, con quién te pensas que estás hablando? Hasta que se muere tu abuela, tu vieja, tu hermano, tu mejor amigo, el amor de tu vida, y ahi te aferras, desesperado, a esa creencia que tildabas de consuelto para tontos: hay algo más. Y pones lindo el cadaver, y seguis el ritual que viene al caso. Y lo enterras, o tiras la ceniza por ahi. Todo es exactamente lo mismo que tirar el cuerpo en un descampado hasta que se descomponga. Pero no. Necesitamos de esos rituales, de ese consuelo insostenible e infundado, de esa sensación de última despedida, hasta que, algún día, nos reencontremos de vuelta en ese más allá que tan invento para tontos nos parecía ayer.
Y todo esto sin entrar en si existe Dios o no, en cómo es que todo lo que nace en este universo sigue un mismo patrón, cómo es que todo lo que (no) conocemos va a explotar algún día.
Pero todo el mundo juega el juego, y si no lo haces, te llaman loco, dicen The Strokes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario